Viaje al pasado

A unos ocho kilómetros de Zaragoza siguiendo la carretera de Castellón encontramos el barrio rural de La Cartuja Baja. Su nombre pretende distinguirla de la otra Cartuja, la de Aula Dei, situada Ebro arriba a la altura de Peñaflor. Así como en ésta última todavía monjes de hábito blanco recorren en silencio sus claustros, quien sabe hasta cuando, en la primera, las galerías se han convertido en calles y las celdas en viviendas. Pero todavía conserva la antigua portería, parte de muralla y su iglesia consagrada a la Inmaculada Concepción, con pinturas de Francisco Bayeu, cuñado del famoso pintor de Fuendetodos.
Cuentan los libros que durante la guerra con el Francés, el general Palafox se acercó hasta este cenobio con la intención de conseguir víveres para el asedio que iba a sufrir, y de que manera, la ciudad. Cuando llegó se sorprendió de no hallar a nadie en el lugar. Los padres y hermanos cartujos, conscientes de la situación, habían abandonado el recinto dejando a un hombre como único custodio. Éste, una vez se hubieron marchado los religiosos, tomó aquello que consideró de más valía y salió de allí abandonando el convento a su suerte. Me gusta imaginármelo de aquí para allá con gran celeridad, cogiendo esto y lo otro a la vez que se persigna o prometiendo ante la imagen de Nuestra Señora proteger esos bienes con su vida mientras realiza un cálculo mental de lo que le pueden dar por todo aquello.

3 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Estupendo artículo el que nos regalas vital para conocer mejor la historia de nuestra tierra. Me ha gustado este viaje al pasado. Un abrazo.

Manchas de Tinta dijo...

Gracias amigo. Tenía una deuda con mi antiguo barrio. Merece la pena conocerlo.

roberto dijo...

Me alegra ver que vuelves con nuevas entradas, que nos tenías muy abandonados...